Los vínculos entre VIH/SIDA y género son estrechos y complejos. Si bien el VIH/SIDA afecta tanto a mujeres como a hombres, los factores discriminatorios de género de orden social, cultural, económico y legal hacen a las mujeres y las niñas de dos a cuatro veces más vulnerables al VIH/SIDA que los hombres. Según el último informe de ONUSIDA sobre la epidemia mundial del VIH/SIDA 2005, 1.6 millones de personas en Latinoamerica viven con SIDA, en el Caribe las mujeres constituyen el 53% de los adultos que viven con SIDA y por ejemplo en Trinidad Tobago las mujeres adolescentes tienen una probabilidad 6 veces mayor que los varones de contraer el VIH/SIDA. Siempre según ONUSIDA, las mujeres, en especial las mujeres jóvenes de 15 a 24 años, son las que cuentan con el mayor riesgo de infección del VIH/SIDA, casi dos veces más que los hombres jóvenes.
Según autoras como Herrera y Campero, “desde que apareció el VIH/SIDA hubo una evolución conceptual en la forma de caracterizar a la epidemia: de la idea de 'grupos de riesgo' se pasó a la de 'prácticas de riesgo', luego a la de 'situaciones y contextos de riesgo', y finalmente a la de 'condiciones sociales del riesgo', lo que dio lugar al concepto de vulnerabilidad". La distinción es importante, ya que "mientras el riesgo apunta hacia una probabilidad y evoca una conducta individual, la vulnerabilidad es un indicador de inequidad y desigualdad social y exige respuestas en el ámbito de la estructura social y política".
Existen vulnerabilidades diferenciadas de caracter biológico, social y cultural para hombres y mujeres. A excepción de las biológicas, el resto son mayoritariamente consecuencia del proceso por el cual la sociedad dicta diferentes pautas de comportamiento a cada uno de los géneros. Para Grimberg la organización de las identidades y roles de género, las modalidades que cobran las relaciones de poder y las asimetrías sociales en el acceso y el control de recursos materiales y simbólicos entre varones y mujeres juegan un papel prioritario con relación a las posibilidades de autocuidado y a las prácticas de prevención del VIH-SIDA.
Tal y como PNUD plantea, la pobreza, el bajo status social y la inequidad de los derechos económicos y de las oportunidades educativas, ponen a las mujeres y a las niñas en riesgo de explotación sexual, tráfico humano y abuso, en especial en situaciones de emergencia, conflicto armado o inseguridad ciudadana. Por otra parte las relaciones de poder limitan la habilidad de las mujeres para negociar mantener relaciones sexuales seguras y para negarse a encuentros sexuales no deseados.
Otros factores como la distribución desigual de recursos en el seno de la familia inciden en la capacidad de las mujeres a acceder a servicios de salud. Con frecuencia las mujeres no pueden acceder a servicios básicos de salud o a una buena nutrición, ya que son sus parejas las que controlan los ingresos del hogar y el acceso los medios de transporte. Es, a su vez, menos probable que las mujeres desatiendan sus tareas o dejen el cuidado de sus dependientes para ir a la clínica o al hospital. Una de las razones que dificultan el diagnóstico precoz de la enfermedad es que la prueba y la consejería de VIH no son ofrecidas en la mayoría de los servicios de salud de los países más pobres a las mujeres y hombres que consultan.
Según diferentes estudios, también la construcción de la masculinidad, anima a los hombres y a los niños a involucrarse en actividades riesgosas y a mantener comportamientos sexuales agresivos que incrementan la vulnerabilidad tanto de los hombres como de las mujeres.
Finalmente, el miedo a la estigmatización, la violencia y el abuso son también factores que impiden a las mujeres y a los hombres desvelar su condición de personas que viven con VIH y, por ejemplo, acceder a programas de prevención para mujeres embarazadas y mujeres en estado de lactancia.
Varios comités de alto nivel han señalado recientemente la gravedad de la pandemia y las consecuencias que está teniendo en la consecución de todos los Objetivos del Milenio y no sólo del objetivo 6, referido específicamente al control del VIH/SIDA. En los mismos foros se ha subrayado que sin un enfoque de género será imposible controlar y disminuir la pandemia.
Tal y como UNIFEM apunta:
- La epidemia es alentada por situaciones donde las políticas macro económicas han llevado a un incremento en las disparidades de género.
- La rapidez de la diseminación del VIH/SIDA entre las mujeres solamente se puede disminuir si se dan cambios concretos en la conducta sexual de los hombres.
- La feminización de la pobreza es una característica clave del impacto social y económico del VIH/SIDA.
- Los marcos legales y políticos tienen que ser revisados con lentes sensibles al género para asegurar cambios positivos y sostenibles.
Los países latinoamericanos y del Caribe han realizado grandes esfuerzos para poner en marcha planes nacionales de prevención y lucha contra el SIDA y han desarrollado marcos legales que orientan el trabajo de las instituciones y los derechos de las mujeres y hombres que sufren SIDA o son seropositivos. El desafío es fortalecer la incorporación del enfoque de género a estos marcos programáticos y legales, tal y como apunta el compromiso acordado por la Asamblea general de las Naciones Unidas (sesión especial 2001: “teniendo en cuenta el contexto y el carácter de la epidemia y que a escala mundial las mujeres y las niñas están desproporcionadamente afectadas por el VIH/SIDA, elaborar y acelerar la aplicación de estrategias nacionales que: promuevan el adelanto de la mujer y su pleno disfrute de todos los derechos humanos; promuevan la responsabilidad compartida de hombres y mujeres para asegurar relaciones sexuales sin riesgo; capaciten a la mujer para controlar y decidir de manera libre y responsable las cuestiones relativas a su sexualidad a fin de aumentar su capacidad de protegerse contra la infección.”