La feminización de la pobreza
En las últimas décadas el término de feminización de la pobreza ha estado en boca de muchas y muchos. Los usos y definiciones han sido diversos, pero la idea detrás del concepto de feminización de pobreza es que hay una brecha de género en la evolución de la pobreza a lo largo del tiempo que perjudica a las mujeres. Este concepto se ha reflejado en numerosas declaraciones de Naciones Unidas e incluso en compromisos internacionales como la Plataforma de Acción de Beijing (1995), donde se afirmaba que el número de mujeres viviendo en la pobreza estaba aumentando de manera desproporcionada con respecto a los hombres, especialmente en los países en desarrollo.
Desde hace unos años hay un intenso debate en torno a la feminización de la pobreza. Sin embargo, más que entrar en esta discusión quisiéramos intentar responder a la siguiente pregunta: ¿enfrentan las mujeres mayores niveles de pobreza que los hombres? Al intentar responder a esta pregunta, vuelve a surgir la cuestión de qué entendemos por pobreza (ingresos o algo más integral) y de la consecuente medición. Un estudio reciente del Internacional Poverty Centre (2006) sobre la pobreza entre las mujeres en Latinoamérica afirma que no hay diferencias relevantes entre la incidencia, intensidad y severidad de la pobreza entre hombres y mujeres si no se toman en cuenta las desigualdades al interior del hogar; sin embargo, cuando estas desigualdades a las que nos referíamos antes se toman en cuenta las mujeres sobrerepresentadas entre las personas pobres y que sin tomarlas en cuenta estamos subestimando los verdaderos niveles de pobreza entre las mujeres. Si quieres consultar esta publicación,
En todo caso, si las mujeres son más pobres que los hombres lo son porque a menudo se les niega la igualdad de derechos y de oportunidades y porque además cargan con el trabajo no remunerado. Las mujeres latinoamericanas siguen ampliando sus participación económica y su presencia en la fuerza de trabajo (con grandes diferencias por países y entre grupos de población). Pero, como demuestran numerosas investigaciones, las mujeres en nuestra región acceden a trabajos de mayor precariedad que los hombres, están más desprotegidas que éstos en términos de seguridad y previsión social y reciben un menor salario que los hombres por desarrollar el mismo trabajo. La segmentación del mercado laboral latinoamericano entre ocupaciones de hombres y de mujeres es todavía evidente; mujeres y hombres pueden trabajar en los mismos lugares pero desempeñan tareas diferentes.
Las políticas antipobreza
Más que discutir sobre quién es más pobre nos deberíamos centrar en qué medidas son las más eficaces para superar la pobreza de mujeres y hombres. La perspectiva de género suele estar todavía hoy ausente de las políticas antipobreza, aunque muchas de ellas han introducido medidas para superar la pobreza de las mujeres. Pero, ¿qué tipo de medidas? En general, estas iniciativas han tenido un marcado carácter asistencial, han identificado a las mujeres fundamentalmente como madres y como “intermediarias” para repartir los beneficios en las familias, sumando carga de trabajo a estas mujeres sin incluir medidas para aliviar las tareas de cuidado familiar o doméstico y reforzando los estereotipos y roles de género en las comunidades, o proponiendo a las mujeres actividades de generación de ingresos desvinculadas de mercado e insostenibles. Por estas, y otras razones, estas políticas o programas han sido fuertemente cuestionados.
Pero para hablar de gender mainstreaming en las políticas antipobreza, éstas, además de tomar en cuenta la diversidad de las necesidades y condiciones en las que viven la pobreza su población meta, tienen que ir destinadas a revertir las causas de esa desigualdad que hacen a las mujeres más pobres que a los hombres: “Erradicar la pobreza es salir del mundo de las carencias, pero también es llegar a tener cierto control sobre los recursos, y cierto poder de decisión en el hogar, la sociedad y el Estado”.
Algunos temas clave para la región
Además de la importancia de tener información desagregada y de hacer análisis de la pobreza desde la perspectiva de género, tomando en cuenta todas las dimensiones de la pobreza (económica, social, cultural, política...), y de incorporarlo en las políticas y programas de erradicación de la pobreza, nos gustaría señalar tres cuestiones que nos parecen claves para tener una imagen más completa de la pobreza y otros fenómenos vinculados a ella.
En primer lugar, la importancia de reconocer, más allá del discurso, el aporte en trabajo no remunerado que principalmente las mujeres hacen al desarrollo de los países, de medirlo y visibilizarlo. En segundo lugar, mostrar a través de investigaciones, y actuar en consecuencia a través de políticas y programas, el “abuso” que se hace del tiempo y del bienestar de las mujeres impulsando acciones sociales, políticas y culturales para revertir el actual reparto de tareas y uno de los problemas más acuciantes en nuestra región:la parternidad irresponsable.
En tercer lugar, la importancia de abordar desde la perspectiva de género dos fenómenos claves para comprender la región de América Latina y el Caribe: la migración y la violencia social. Aunque es discutible que sean consecuencia directa y unilateral de la pobreza, no puede negarse que sí que existe una relación entre ellas. Género es una herramienta imprescindible para comprender el fenómeno de la violencia social latinoamericana y para señalar la relevancia que tienen la violencia de género en esta problemática. Si quieres leer más sobre este tema,
Por su parte, la migración tiene rostros diversos e impactos diferenciados tanto para las personas que migran como para las que se quedan que tienen que ser analizados desde la perspectiva de género. Es claro el impacto que tiene el género en la migración y también que la migración afecta a las relaciones de género, pero, ¿hasta qué punto la migración transforma las relaciones de género y reduce o profundiza las desigualdades? Actualmente, se están llevando a cabo diversos esfuerzos en la región para incorporar esta mirada de género a la temática.