Género en los informes de desarrollo humano

Tanto a nivel global como en algunos países latinoamericanos, el PNUD ha hecho un esfuerzo por incorporar la perspectiva de género en los informes de desarrollo humano o por abordar algunos de los temas claves en materia de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres. Para consultarlos ...

El desarrollo humano es el proceso de ampliación de las opciones de las personas mediante el fortalecimiento de sus capacidades. Este proceso implica asumir que cada persona debe ser considerada un fin en sí misma y que, por tanto, ha de ser el centro de todos los esfuerzos de desarrollo y que éstas deben considerarse, como veremos más adelante, no sólo como beneficiarias sino como verdaderas protagonistas sociales. El desarrollo humano es el desarrollo de la gente, por la gente y para la gente.

Al establecer la expansión de las libertades y el bienestar humano como objetivo central del desarrollo, el paradigma de desarrollo humano abre muchas posibilidades para la transformación de las relaciones de género y la mejora de la condición de las mujeres, posibilidades que una visión más economicista del desarrollo no permite.

Sin embargo, si hablamos de capacidades de las personas, es preciso señalar que éstas enfrentan obstáculos de diverso tipo para desplegar su potencial, desde la falta de alimento o educación, hasta barreras religiosas o exigencias basadas en una cultura patriarcal que inhiben a una persona a decidir por sí misma. Este énfasis en las capacidades permite analizar la situación y posición de mujeres y hombres en cuestiones como la nutrición, la esperanza de vida, pero también la participación política o los ingresos económicos. Y permite sacar a la luz todas esas normas y valores sociales de género que diferenciados a mujeres y hombres y que son la raíz de la discriminación y subordinación de las mujeres, tanto en el plano individual como en el colectivo. Todo ello explica que en ningún país latinoamericano –y en realidad en ningún país del mundo- las mujeres hayan alcanzado el mismo nivel de desarrollo humano que los hombres (según el Indice de Desarrollo Humano corregido por género calculado por el PNUD).

El desarrollo humano hace hincapié en la participación y el empoderamiento de las personas. En ese sentido, se habla de la agencia humana, que supone reconocer que las personas no somos seres pasivos en el desarrollo sino agentes del mismo y además que cada cual puede aspirar a una serie de metas y valores que puede que tengan que ver con su bienestar o no, y que incluso pueden estar reñidos con él. Este planteamiento de agencia tiene muchos elementos comunes con el concepto de empoderamiento desarrollado por los movimientos feministas del Sur en los ochenta.Si quieres leer más sobre empoderamiento,

En ese sentido, es preciso señalar que al mismo tiempo que se gestaba el paradigma del desarrollo humano se evolucionaba claramente también en la manera de enfocar la ausencia, el papel secundario o instrumental que se otorgaba a las mujeres en el desarrollo. De los enfoques orientados a señalar la importancia de su participación y de tomarla en cuenta (enfoque Mujeres en el Desarrollo) con marcos teóricos diversos (enfoque del bienestar, anti-pobreza, eficiencia y equidad) y herramientas prácticas para interpretar y solventar su exclusión, se pasó al enfoque conocido como Género en el Desarrollo (GED). Este enfoque pone el acento en el contexto relacional donde se reproducen y refuerzan las desigualdades entre hombres y mujeres y visibiliza la cuestión de poder que subyace en las relaciones de género.

Este nuevo enfoque GED encuentra en el paradigma del desarrollo humano un espacio idóneo para su desarrollo. En 1995, el Informe sobre Desarrollo Humano, dedicado a la condición de la mujer, señalaba que “sólo es posible hablar de verdadero desarrollo cuando todos los seres humanos, mujeres y hombres, tiene la posibilidad de disfrutar de los mismos derechos y opciones”, refiriéndose a la desigualdad de género en términos de capacidades –educación, salud y nutrición- y de oportunidades –toma de decisión económica y política-. Este informe introducía dos nuevos índices: el Índice de Desarrollo Relativo al Género (IDG) y el Índice de Potenciación de Género (IPG) , que han sido y son claves para monitorear algunos aspectos de la situación de la igualdad de género. Si quieres consultar estos índices desarrollados por PNUD de los países latinoamericanos,

A partir de los informes de desarrollo humano, el PNUD plantea el enfoque Género y Desarrollo Humano (GDH), como aproximación específica al enfoque GED. El GDH sitúa su análisis de las relaciones de género dentro del marco del paradigma del desarrollo humano y enfatiza el impacto diferencial de las políticas en hombres y mujeres, así como el efecto negativo de la desigualdad de género en el desarrollo humano. Este enfoque señala que hay que partir del hecho de que existen grandes disparidades entre las personas (clase, etnia, edad, etc.), pero que la más generalizada y universal es la que existe entre hombres y mujeres y esa gran disparidad limita las oportunidades de desarrollo humano de unas y otras. No tomar en cuenta esta situación supone fracasar en cualquier estrategia de desarrollo.

Sin embargo, pese a que el desarrollo humano es un escenario mucho más favorable para visibilizar aspectos de la desigualdad entre hombres y mujeres antes ocultos, la incorporación de la dimensión de género en el desarrollo humano, sobre todo en la práctica cotidiana del desarrollo, continúa siendo un desafío. Un desafío que enfrenta muchos obstáculos en las instituciones sociales y culturales que sostienen los mecanismos de subordinación y discriminación. Para lograr un verdadero desarrollo humano, un desarrollo real para hombres y mujeres, resulta imprescindible transformar estas instituciones y pautas sociales y culturales. Más allá de la discusión de si la igualdad de género es un medio o un fin para el desarrollo humano, lo que resulta obvio es que debe ser una prioridad.

  Algunas voces señalan que, aunque este enfoque es mucho más favorable para integrar temas relacionados con la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, en la práctica real se siguen dejando de lado temas claves como el trabajo reproductivo o la violencia contra las mujeres, cuestiones que limitan fuertemente la capacidad de desarrollo de las mujeres : “Si es cierto que el centro está en el ser humano, también lo está su cuidado y mantenimiento, por lo que se debe valorar este trabajo”, señala Idoye Zabala, quien sugiere la necesidad de incorporar un indicador que dé cuenta de este trabajo y de su evolución dentro del índice de Desarrollo relativo al género: “No basta con la inserción de las mujeres en el trabajo productivo, necesitamos saber qué sucede con el resto de trabajo necesario para desarrollarnos como hombres y mujeres”.

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