Maria Cristina Hurtado. Subsecretaría de Mujer, Género y Diversidad Sexual habla sobre el Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

Los planes de ordenamiento territorial adolecen en general de un vacío social cómo instrumento de cara a las transformaciones socioculturales, políticas y demográficas que había sufrido Bogotá en el últimos años.
Tras la realización del diagnóstico de la ciudad, realizado por el sector social del Consejo Territorial de Planeación, se contaba con un fuerte argumento pues esta dimensión carecía de la fuerza necesaria para impulsar el desarrollo urbano y se hallaba en objetivos estrategias y políticas de diversa índole. De hecho por entonces, el Consejo Territorial de Planeación afirmó que “La presencia de lo social en el Plan de Ordenamiento territorial ha sido dispersa sin la preponderancia requerida en algunos casos, ni el rigor indispensable en el tratamiento del tema”.

En respuesta a esta debilidad técnica y conceptual que tenía el POT la Subsecretaría de Mujer y Género inició un estudio para revisar desde su competencia el decreto 190/2004 y desarrolló un proceso de aprendizaje colectivo con las mujeres de distintas localidades, desde las casas de igualdad. Paralelamente, la Secretaria de Gobierno, de Integración Social, de Desarrollo Económico y los 12 sectores de la Administración Distrital contribuyeron a abonar la inclusión de múltiples miradas y perspectivas, tales como el enfoque poblacional, el enfoque de desarrollo humano, el enfoque de derechos humanos relacionado con los derechos económicos y sociales, de forma que tuvieran en cuenta parametros como el empleo, los ingresos, el acceso a la salud, al trabajo, el medio ambiente, la educación,etc. De esta forma se hizo un análisis de pobreza referido a individuos y familias del entorno urbano, mirando aspectos como los ingresos, la nutrición, el empleo, educación, aseguramiento, salud, acceso a servicios públicos, hábitat y crecimiento económico y parámetros del desarrollo humano, cómo esperanza de vida, educación… etc. Paralelamente, se concretó un estudio sobre un Ordenamiento Territorial y Género.

Se propusieron varios ajustes al POT, en relación a los ejes temáticos que se estaban revisando, especialmente en las áreas de sostenibilidad ambiental, equidad social, productividad territorial, eficiencia y transparencia. Fue necesario que estos ejes se analizaran a la luz del enfoque poblacional y la perspectiva de género. Las demandas, propuestas y ajustes al decreto 190 que presentaron las organizaciones de mujeres van desde la economía del cuidado, la ampliación de equipamiento de cuidado de las personas de pendientes, centros de apoyo escolar, centros educativos, comedores vinculados a rutas de transporte público para ofrecer a las mujeres mayores posibilidades de incorporación al trabajo, a los procesos de formación profesional y al descanso.

El enfoque que está detrás del trabajo del POT es el enfoque de seguridad humana, que contempla las diferentes violencias a las que están expuestas las mujeres desde el espacio privado al espacio público y la relación con sus derechos humanos. Es un enfoque que redimensiona el concepto de seguridad ciudadana y la noción de violencia intrafamiliar, por el sesgo familista que en muchas ocasiones han ocultado graves violaciones a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, como las violencias de los Estados por acción y omisión, las violencias en el terreno comunitario y las violencias que ocurren en el conflicto armado por el desplazamiento forzado. Una política seguridad humana que hace visibles las violencias contra las mujeres por el hecho de ser mujeres, y que permite pensar barrios y espacios públicos más humanos y más seguros.

El POT trabaja con la definición de violencias basadas en género que se dan en el marco de la convención Belem do Pará, Plataforma jurídica de derechos mas completa que tiene la región y que logra superar justamente el sesgo familista en violencia intrafamiliar y avanzar en campos como la violencia sociopolítica y la violencia en el marco del conflicto armado.

Se hizo un llamado a las políticas distritales, en la medida en que su planeación, formulación, seguimiento y evaluación no eran neutrales sino que están atravesados por las condiciones sociales, por las posiciones de poder que identifican a mujeres y hombres y en este sentido entonces la revisión del POT desde la dimensión de género busca identificar los impactos diferenciados de la planeación territorial en la vida de los hombres y en la vida de las mujeres, de hecho muchos estudios han explicado concretamentea como hombres y mujeres shacemos usos diferenciados de los espacios y servicios de la ciuadanía, lo que tiene que ver con los roles que se siguen asumiendo de manera diferencial con los varones. Según estos estudios las mujeres se mueven de manera circular, en ruta, los hombres de manera mucho más lineal.

El enfoque de género en el POT no significa hablar de igualdad de mujeres y hombres en abstracto, si no que implica tomar en cuenta los diversos colectivos que componen la población, los cuales usan y perciben la ciudad y los espacios de manera diferente según su inserción social, sus capacidades físicas, sus edades, su identidad de género, diversiad sexual, étnica y las condiciones de pobreza para vincularlos con diversos patrones de movilidad. Todo esto desembocó en la llamada política de poblaciones y género que se concretó en el artículo 14 que esta hoy en revisón.

EL principal reto del POT esta en la parte técnica, es decir en la implementación ténica de los enfoques que han construido esta propuesta: derechos, poblacional y con perspectiva de género.